
Según los expertos en el tema, al principio Velasco se resistió, pero después cedió a las exigencias y así perdió toda autoridad, aunque no fue separado del gobierno inmediatamente.
Aunque aquellos querían la independencia todavía no la declararon abiertamente, sino que un triunvirato creado -del cual formó parte el propio Velazco- juró fidelidad al rey de España, Fernando VII, entonces en Francia prisionero del emperador Napoleón.
Los análisis indican que eso fue una maniobra política, como parte de la utilizada en varias ciudades americanas que formaron juntas o gobiernos revolucionarios en tales tiempos.
Como ejemplos citan los de 1810, un año de insurrecciones en las colonias españolas de América, en las juntas de Caracas (19 de abril), Buenos Aires (25 de mayo), Bogotá (20 de julio), Quito (22 de septiembre) y Santiago de Chile (18 de septiembre).
Aquella permanencia del gobernador en la administración como figura simbólica fue una estratagema política de los revolucionarios paraguayos que disfrazaba el objetivo de la autonomía total.
El doble peligro de que los planes en pro de la independencia nacional fueran descubiertos y la posible cooperación portuguesa para evitarla solicitada antes por el gobernador español precipitaron los acontecimientos, señala la literatura especializada consultada.
Por eso, agrega, en la noche del 14 y la madrugada del 15 de mayo los revolucionarios, a quienes califica de hombres de luces, valentía y patriotismo, asumieron la responsabilidad histórica de liberar a Paraguay del yugo español y constituirlo en una nación libre y soberana.
Por aquel entonces el pueblo paraguayo clamaba por cambios, quería la emancipación.
A dos siglos y algo, los paraguayos engalanaron el país con los colores patrios (azul, rojo y blanco de la bandera) en memoria de los próceres de aquella y otras gestas nacionales, aunque insatisfechos aún por las condiciones socioeconómicas imperantes.