
En Brasil, las medidas de confinamiento son competencia de los gobernadores estatales que las imponen localmente, de forma más o menos estricta.
La manifestación del domingo en Brasilia reunió a una multitud más numerosa que en las semanas anteriores, con muchas pancartas contra Rodrigo Maia, el presidente de la Cámara de Diputados, y Sergio Moro, el exministro de Justicia, que dimitió la semana pasada con acusaciones con acusaciones de injerencia contra Bolsonaro.
Algunos de los presentes volvieron a reclamar una “intervención militar” como ya lo había hecho en otra manifestación hace unas semanas.
Pero, a diferencia de las protestas anteriores, el presidente ultraderechista, que no llevaba mascarilla, se mantuvo a distancia de sus seguidores, desde la rampa de su residencia oficial del Palacio de la Alvorada.
En vez de alentar a la multitud, el mandatario se conformó con hacer un breve discurso ante la cámara. Luego bajó la rampa con su hija Laura, de nueve años, para saludar a los manifestantes, pero se quedó a más de dos metros de la muchedumbre.
“El pueblo está con nosotros, y el ejército está del lado de la ley, del orden, de la libertad y de la democracia”, afirmó. El diario Estado de S. Paulo, uno de los más importantes del país, contó que un grupo de manifestantes empujó y dio patadas a uno de sus fotógrafos y su chofer. (Con información de Clarín)