
El papa Gregorio IV fue quien proclamó la fiesta en el año 835. Se cree que escogió el 1 de noviembre porque en esta jornada los pueblos germanos celebraban una de sus festividades y, por entonces, la Iglesia buscaba eliminar las celebraciones paganas.
Suele ocurrir que se confunde el Día de Todos los Santos con el Día de los Fiieles Difuntos, también conocido como Día de los Muertos o Día de las Ánimas. Sin embargo, se trata de festividades distintas.
El Día de los Difuntos se celebra el 2 de noviembre y honra el recuerdo de quienes ya no siguen en la vida terrenal. La Iglesia busca que se dedique esta jornada a la oración por todas las almas.
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