
Pero por encima de que el punto tenga mucho valor, el nivel mostrado no se asocia a lo que numéricamente le sirve.
Volvió a mostrar enormes deficiencias en defensa. Sufrió grandemente sobre todo con las pelotas cruzadas y con el juego aéreo pasó las de Caín.
Comenzó mejor ciertamente. A los 4’ de la primera fracción, Antolín Alcaraz conecta de cabeza al medio del área y en el camino se interpone Luis Cangá para vencer a su arquero.
La temprana ventaja suponía un mejor desempeño, pero ni mejoró el juego franjeado ni hizo declinar a Delfín, que de a poco fue inclinando la balanza a campo decano.
Comenzó a acelerar y sometió a Olimpia a numerosas situaciones de riesgo, evidenciando la tremenda displicencia en la última zona.
Era cosa de tiempo que Delfín se vea beneficiado con un error forzado. El travesaño lo salvó a Olimpia tres veces, dos de ellas en forma seguida a los 60’ tras una jugada de pelota parada en la que Carlos Garcés estrelló al parante la pelota.
Aguilar comenzó a flaquear y a los 68’ hace un pase de salida a Richard Ortiz, quien de espaldas conecta a un costado pero de manera errada, permitiendo que Diego Alaniz le robe y empate.
Ese gol fue más que merecido. Delfín, a esas alturas era superior a un Olimpia indeciso, repetitivo y falto de ideas. Roque Santacruz no incidió, lo reemplazó Emmanuel Adebayor pero hasta ahora, su presencia sigue siendo sólo marketing.
Por el trámite, Delfín mereció ganar. Al menos por su mejor predisposición, aunque Olimpia tuvo algún que otro pasaje en el que de saber aprovechar habría arriesgado un resultado mucho más importante que el empate.
Pero por lo que implica sumar fuera de casa, naturalmente el empate sirve a todas luces. Lo preocupante es que hay deficiencias muy notorias que exponen al equipo de Garnero a mayores posibilidades de tropezar que de avanzar.