
Es poco menos que una ley consuetudinaria aquello de que en este país deslumbrante todo comienza a funcionar después del carnaval. Se trata de una costumbre incumplida este año.
En enero se inició una serie de masacres carcelarias que dejó más de 100 muertos, en tanto el caso “Lava Jato” enviaba a la cárcel a políticos involucrados en el fraude a Petrobras.
Las noticias conmocionantes continuaron con las protestas de familias del cuadro policial y el accionar de los delincuentes. Como si no bastara, el presidente Michel Temer, advertido de que las matanzas precarnavalescas pueden escalar, acusó a los agentes insubordinados de haber tomado a la población como “rehén”.
Este año la población de Río está más aprehensiva ante la violencia que ha crecido desde la fiesta de Año Nuevo. Aun así, como es costumbre cientos de miles de cariocas se volcaban ayer a las calles para bailar y cantar “marchinhas” improvisadas con letras que ironizan la corrupción de los políticos, mientras las fastuosas Escolas do Samba ensayaban para los desfiles profesionales en el sambódromo entre el 26 y 28 de febrero.